sábado, 3 de enero de 2009

Cuentos finalistas del II Concurso de cuentos de Navidad del Plan de Lectura y Bibliotecas del IES. Guadalquivir

Pilar López, Jefa de Estudios del IES. Guadalquivir, hace entrega de los premios a las ganadoras: Miriam Cañones (izquierda) y Gloria Cascales (derecha). ¡Enhorabuena!

1er. Premio 2º ciclo de ESO y Bachillerato

Piano, piano, Gloria Cascales Ruiz, 4º de ESO

Mi nombre es Staccato. Soy un chico de quince años y vivo en una aldea de Viena llamada Clave de Sol.

Desde el día de mi nacimiento no he hecho otra cosa que sumergirme en el dulce aroma de la dulce música, a destacar el piano.

Mi padre es compositor y todas las Navidades sale del país a causa del trabajo, por eso no hay Navidad en la que la magia no me haga dueña de su caminar.

De todas mis Navidades la que más me gustaría destacar fue la pasada. Realmente apasionada y divertida para ser verdad.

Para escuchar esta historia me gustaría dedicaros un magnifico Nocturno, por eso pónganse cómodas/as y escuchen.

Todo comienza un 24 de Diciembre de 2007 a las doce en punto de la mañana.

Salía de dar mi concierto cuando me encontré a Rittardando y me dijo que después de cenar habían quedado algunos compañeros de conservatorio para tocar una charanga. Acepté mi invitación y me dispuse a caminar calle abajo cuando de repente llegó a mis manos una hoja de pentagrama algo vieja y arrugada donde ponía: "Noche Buena con luna llega música suena". Me quede asombrado y algo perplejo sin entender exactamente lo que quería decir, por eso, tire la hoja y seguí mi camino.

Cuando el reloj marcó las nueve decidí salir a casa de Rittardando para reunirme con los demás compañeros.

La casa de Rittardando queda justo dos calles más abajo que el conservatorio, por eso tengo que pasar justo delante de éste.

Realmente cuando camino no suelo prestar atención al murmullo de las hojas o del aire, pero ese día hubo algo que cautivó mi atención: La puerta de conservatorio estaba cerrada y las luces apagadas, pero de su interior salían fuertes melodías con una dulce armonía. Rápidamente volví a coger rumbo hacia mi destino.

Cuando llegué, me abrió la puerta Rittardando y me hizo una seña con la mano para que supiera que los demás estaban en el salón. Aunque él no me hubiera dicho donde estaban los demás, era fácil de adivinar porque de aquella habitación salía un gran murmullo con una alegre música de fondo.

Al sentarme pensé que todo lo de antes había sido fruto de mi imaginación pero entonces recordé aquella nota que llegó volando hacia mí. De repente un pequeño escalofrió recorrió todo mi cuerpo empezando por la punta de los pies hasta llegar a el ultimo pelo que reposa en mi cabeza.

La fiesta transcurrió bastante bien. Serian cerca de las doce cuando decimos poner fin a nuestra charanga y regresar a nuestras respectivas casas.

Como yo vivo a las afueras del pueblo le pedí a Rittardando, a Accelerando y a Legato que me acompañaran. Al pasar por la puerta de Conservatorio me percaté que aquella dulce melodía se había hecho menor pero aun así todavía se seguía escuchando. Rápidamente les hice señas para que callaran y escucharan. Nada más comprobar las expresiones de sus caras supe que habían experimentado la misma sensación que yo.

A pesar de que nuestras manos estaban sudorosas y de que el corazón nos latía a una velocidad algo más acelerada de lo normal decidimos entrar por la puerta trasera.

Dentro todo estaba oscuro y las sombras de algunos instrumentos parecían tenebrosas criaturas. Seguimos caminando hasta encontrar la escalera principal. Intentamos subir haciendo el menor ruido posible pero de vez en cuando uno tropezaba y sin querer nuestras respiraciones se aceleraban y nuestros vellos se erizaban. Al llegar al segundo rellano nos percatamos de que aquella dulce melodía provenía del último piso, a el cual nunca solía subir nadie, puesto que estaba prohibido. Conforme íbamos subiendo la música se iba hacia mayor. La subida finalizó y tras unos segundos de descanso, decidimos empezar a investigar aquel extraño y abandonado lugar.

A nuestra izquierda yacía un viejo piano de cola, un arpa, varios violonchelos, un contrabajo y dos violines. En frente nuestra, en unas viejas estanterías había varios clarinetes, un par de saxofones, un fagot y en el suelo una tuba algo oxidada. Y a nuestra derecha había un largo pasillo que terminaba en una gran puerta con bonitas molduras, de la que salía aquella dulce e invisible melodía.

De nuevo nuestros corazones aumentaron su velocidad. Tras un pequeño estado de "shock", nos armamos de valor y caminamos hacia aquella puerta mágica. Cada paso que daba podía ir notando como se me iba cortando la respiración y como aquella sensación de temer y querer se iba apoderado de mí.

Rittardando es un chico que no teme a la muerte, sino a la propia vida, por eso decidió abrir una rendija y averiguar de que se trataba. Al girarse a nosotros pudimos comprobar su cara de asombro y de extrañeza. No nos dijo nada, solo nos hizo una seña para que mirásemos. Me estaba preparando para mirar cuando de repente la puerta se abrió y volví a notar las fuertes punzadas de mi corazón. Rápidamente me impulse para atrás dejando caer a mis compañeros. Al instante oí pronunciar nuestros nombres y pudimos percatarnos de que aquella voz nos resultaba familiar. Era nuestro profesor de piano, Mezzoforte. Todos nos quedamos sorprendidos y sin entender exactamente que quería decir todo aquello.

Mezzoforte nos invitó a pasar y pudimos comprobar que todas aquellas siluetas que allí permanecían eran profesores nuestros y nos explicó que cuando ellos eran alumnos crearon un grupo secreto llamado Piano Piano, con el fin de llegar a algo sin dar a conocer, de poder alejarse de un mundo de hipocresía, de poder adentrarse en la música sin pedir nada a cambio, solo disfrutando el momento de aquellas vibraciones a varios tempos. Haciendo de una simple línea musical el sentimiento más apasionado, el sentimiento más bonito pero no abigarrado y el sentimiento de un recuerdo lejano pero nunca olvidado.

Hoy hace exactamente un año de aquella apasionada aventura y no hay vez en la que cuando piense en ella el tempo de mi corazón no acelere.

Todavía en mi cabeza oigo aquellas palabras de Mezzoforte: "La música es el sentimiento más apasionado…"

Aquel día aprendí lo que dicen los grandes maestros: Que la música es el lenguaje que permite comunicarnos con el más allá. Que la música se ha hecho para lo inexpresable. Que La música es una transposición sentimental de lo que es invisible a la naturaleza. Y aprendí que todo problema puede expresarse simplemente preguntando: "La música, ¿tiene un significado? Mi respuesta sería Sí. Y ¿puede expresarse en unas cuantas palabras?, ¿cuál será su significado? Mi respuesta sería No.



1er. Premio 1er. ciclo de ESO

La casa de enfrente, Miriam Cañones, 2º de ESO


Era por la tarde. Eira estaba sentada al lado del balcón que hay en su habitación. Éste da a una avenida no muy concurrida, pero con edificios grandes y bonitos.Miraba atentamente a la casa de enfrente. Un niño pequeño llamó al timbre de la vecina, la anciana Ambrosía. Ella inmediatamente abrió la puerta. Llevaba una rebeca color "beige "por encima. Hacía bastante frío, ya que era 24 de diciembre, Nochebuena. El pequeño le preguntó por su pelota, que minutos antes había sido embarcada en la azotea. Ella, desconfiada, le dijo que aguardase un momento, por lo que cerró la puerta, subió y lanzó la pelota al niño desde arriba. Ambrosía no era muy simpática y era notorio su carácter repelente y gruñón. No había hecho nada a nadie, pero por su forma de expresión era la más temida del barrio.

Llamaron al timbre. Eira fue corriendo a abrir la puerta. Era su tía Larisa. Traía aperitivos para la noche. Llevaba un vestido de raso color púrpura, zapatos de tacón hechos de charol, un sombrerito con una florecilla marrón y algún detalle brillante que resaltaba a menudo.

-¡Vamos! Tienes que arreglarte, ya mismo va a empezarla cena. ¿Dónde está tu madre?- dijo tía Larisa.

-¡Ya voy! ¡Mi madre está en la cocina!- contestó Eira mientras subía las escaleras, camino de su cuarto.

Una vez allí, fue derecha a su armario. Lo abrió. Empezó a echar una ojeada rápida. Indecisa, se colocó un vestido de tono miel. Volvió a mirar en busca de la chaquetita a juego, cuando descubrió algo inesperado. Era un paquetito envuelto, parecido a un regalo. Lo abrió. En su interior se escondía un colgante con una esmeralda engarzada en forma de estrella de nieve. ¿Quién le habría hecho tal regalo? Inmediatamente se lo puso. Fue al baño, cogió el bote de espuma, hizo presión sobre éste, saliendo un pegote. Se lo echó en el pelo. Poco después, el resultado fue, una bonita cabellera rizada. El toque final, un poquitín de colorete.

Bajó las escaleras. Todo el mundo la miraba con admiración. Alguien soltó una exclamación. En efecto, tía Larisa se había fijado en su colgante, enamorándose de éste.

-¡Qué preciosidad! Quiero uno como ese. Dime, ¿Dónde lo conseguiste? ¿Cuánto vale? ¿Lo hay color azul?...-preguntó tía Larisa.

-Para, es un regalo-contestó Eira.

-¡Ohh!, vaya… ¡qué pena!

Otra voz se unió a la conversación:

-Es de parte de Ambrosía. Se acordó de que hace unos días fue tu cumpleaños. Deberías ir a darle las gracias. Le haría mucha ilusión.

-Sí- afirmó Eira.

Cogió su abrigo y cerró la puerta de su casa. Llamó a la puerta de Ambrosía…, no contestó nadie. ¿Habría salido? – pensó Eira. Se asomó por la ventana, que daba al salón. Las cortinas dificultaban un poco la visión, pero se distinguía a Ambrosía sentada en su sillón viendo una película. Golpeó la ventana. No hubo respuesta. Volvió a golpear varias veces más…, nada. Decididamente, le había pasado algo. Nerviosa, sacó su móvil de su bolsito. Marcó el teléfono de emergencias. Fue a llamar a su familia. Al cabo del rato, el barrio estaba atestando de gente alterada por el pitido de la ambulancia que había acudido en pocos minutos debido a que se encontraba por la zona. Montaron a la anciana en la ambulancia, camino del hospital. Algunos vecinos cogieron su coche para ir a ver lo que le ocurre y hacerle compañía. Eira fue entre ellos. Una vez allí, permanecieron en la sala de espera. Pasaron las horas…

Eira estaba mirando por la ventana, pensativa. Se preguntaba por qué pasaban esas cosas, por qué hace un momento estaba viéndola por el balcón y ahora estaba en una camilla con un parpadeante anhelo de vida…

Por fin apareció el médico con los resultados de los análisis. Éstos decían que la anciana se recuperaba favorablemente. Al día siguiente volvieron a visitarla. Ya andaba un poco, pero estaba conectada a un suero. Al cabo de dos días, le dieron el alta. Volvió a su casa, a su sillón. Desde entonces Eira fue a visitarla todos los días, un ratito por la tarde. Ambrosía le enseñó a hacer punto, y en cambio, Eira le enseñó a hacer pulseras con gomitas de colores. Le parecía una anciana estupenda. No todas las personas son lo que parecen. Y aunque parezca mentira, todas las personas tienen cualidades estupendas. Sobre todo en Navidad.

Os deseo feliz Navidad a todos.


1 comentario:

Anónimo dijo...

La musica une personas, personas que siente algo el uno por el otro, la musica hace fuerte el amor pues algo que se aviva con una simple nota de un pentagrama en Do Mayor pues la musica es algo tan apasionado que hace sacar los sentimientos que llevas dentro y se puede expresar en un maravilloso cuento.

Auntenticamente excecional Gloria buen trabajo. Tu cuento es tan bonito como una ENARMONIA en un pentabrama que te tocas a 2 manos con otra persona o como una obra inacabada.

Un saludo

El Gran Tenor Enmascarado